CONDENADOS DE LA SOLEDAD

Yo sé que la nostalgia te ha arrebatado la voluntad de darle la cara al sol. Yo sé que en tu interior hay una tormenta que no para y que las penas te han llevado a algún lugar oscuro y frío. De allí vengo.

Yo no vine a juzgarte, sino a hacerme de ti; abriéndome a todo esto que te invade. Pienso que no hay nada que puedas evitar, porque no tenemos la valentía cuando llegamos a este punto en el que nos encontramos, porque es difícil y lo he comprobado. Ahora estamos obligados a olvidar lo que algún día pudimos ser. Aquí, en este espacio, no hay primavera, solo otoño en las temporadas más cálidas. El invierno siempre se queda más de lo que debe y con ello el deterioro de nuestras almas… porque el frío nos acaba.

Aquí vivimos esperando que se enciendan las luces y podamos ser vida, nuevamente. Aquí la estadía no es costosa hasta que comienzas a oscurecer y hacerte gris. Hay un cielo nublado. Siempre. Día y noche. La luna de vez en cuando se aparece, cuando la invocas con el corazón y le ofreces tus penas.

Nadie se ha atrevido a cruzar las aguas que nos rodean. Nadie sabe qué hay más allá. El temor se oculta tras los pensamientos de arriesgarse a escapar. Nuestra libertad se ve amenazada por los recuerdos de los actos que nos confinaron a este lugar, porque aquí todos somos condenados de la soledad.

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