CORAZA ABATIDA

No tengo miedo y quiero destruirlo todo. No quiero recordar nada de lo que alguna vez le di el significado de hogar, porque lo he derribado.

He encarnado en un personaje de esos de la mitología griega: un cíclope, con el mismo temperamento del cual eran acusados, de los más horribles. El egoísmo ha jugado conmigo de la peor manera, haciéndome tan testaruda y amarga como el cacao puro. Hay personas que heridas se debilitan y se desvanecen, como suele pasar conmigo la mayoría del tiempo, y aunque no me desvanecí, las tormentas y vientos me hicieron fuertemente destructiva y letalmente herida; y es que, retuve tanto que ya el caos brota. Contenerte las emociones es mas fácil que expresarlas, otras veces, mientras más “resistes”, más te quiebras y ya no importa quebrarlo todo.

En este punto no puedo concederme la paz ni en mi interior, ni con el mundo. El mundo se debate entre el bien y el mal, desentendiéndose del bien un poco más cada día. Sí, sé que soy débil, pero ya no resisto esas palabras que irrumpen mi vulnerabilidad cada vez que expreso las que me parecen ser erróneas formas de ser y sobrellevar el mundo. Son esas piedras las que se van acumulando en mi espalda, haciéndome más triste e indiferente cada día.

Todo duele; duele alejarte de quienes amas, duele romper un corazón, dueles ser  el error ante aquellos por los que te encuentras allí, intentando cruzar puentes sin caer… pero parece que destruirlo todo es más fácil que cargar con el dolor, y a mí el dolor me venció.

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